viernes, 8 de octubre de 2010

Bolivia

Manual del buen conductor santacruceño (*)

1)Bajo ninguna circunstancia deje de tocar bocina.

2)¿No sabe cuál es el freno? No importa. Solo se usa en ocasiones especiales.

3)Luces de giro: son esas lucecitas amarillas que en contados momentos se prenden. En general no se usan, quizá por ello no se entienda su significado. No pierda tiempo en ponerlas.

4)No está bien visto ceder el paso a otro automovilista ni a los peatones. ¿Qué son los peatones? Eso se verá en el curso avanzado.

5)Si necesita parar, ¡hágalo! Doble fila o donde usted quiera está bien.

6)Existe la creencia que si a un semáforo en rojo le empiezan a tocar bocina va a cambiar de color al verde más rápidamente. Si es un semáforo rebelde vaya adelantando su vehículo quizá así entre en razón, y si aún no cambia no pierda más tiempo y cruce nomás.

7)Si quiere ser taxista o chofer de bus siga al pie de la letra estas recomendaciones. De lo contrario le pueden sacar la licencia de conducir.

*Esto fue redactado bajo emoción violenta luego de que dos colectivos nos encerraran y por milímetros no nos chocaran.


Santa Cruz no se parece en nada a la Bolivia que conocíamos. Es una ciudad muy grande con shopping, supermercados, camionetas importadas último modelo y la misma gente también es diferente. Se autodenominan Cambas que son las personas nacidas en Santa Cruz, Pando y Beni en contraposición a los Collas que son las originarias de La Paz, Sucre, Oruro y Potosí; término que muchas veces utilizan de manera peyorativa.

El temita de los “peajes policiales” siguió pero ya estábamos cancheros y no lograron sacarnos plata.

En la mayoría de los pueblos tienen un problema con la basura que se la ve desparramada por todos lados. Dormimos en Cabezas y a la mañana Agu fue a tirar nuestra basura y al no encontrar tachos consultó con uno de los pobladores:

Agu: -Buenos días. En la plaza del pueblo no encontré tacho de basura, ¿Sabe donde hay uno?-

Señora: -No, aquí en el pueblo no hay.-

Agu: -¿Y dónde tiran ustedes su basura?-

Señora: -Cada uno lo quema en el fondo de su casa.-

Agu: -Ah...-

Señora: -Sino cuando salga del pueblo la tira en la ruta-

Unos kilómetros después encontramos un cesto de basura en una estación de servicio.

A unos kilómetros de Cochabamba está Villa Tunari que es turística y está en una zona selvática. A través de la encargada de turismo del pueblo, una francesa, llegamos a el hotel El Puente que estaba en el medio de la selva con acceso a unas pozas (pozones) en el río; no era la idea pagar una habitación (240 bolivianos) así que le propusimos poder usar las instalaciones del hotel (baño, pileta, etc.) pero dormir en la camioneta. No hubo problema y por 50 bolivianos usamos el hotel como camping. Nos gustó tanto que nos quedamos 4 días, nos despertábamos con el canto de los pájaros, con el calor y las picaduras de insectos de variada forma, tamaño y color. El mosquitero no aguantaba el embate de tantos.

Pozas de Tunari

Ahí conocimos a Diana y Mailí, a quienes les encantaba nuestra casa-auto y tocaban sorprendidas el pelo que tiene “el Agu” en los brazos y las piernas ya que en general los hombres de la zona son lampiños. Por la tarde nos acompañaban al río y jugábamos juntos. Renovados física y mentalmente seguimos para Cochabamba.

Con Diana y Mailí

A veces nos pasaba que no sabíamos en que día de la semana estábamos, lunes, martes se nos confundían, pero en la municipalidad de Villa Tunari encontramos el almanaque de Evo y ya ni siquiera sabemos en qué mes estamos!!

A ver si encontrás en qué mes vivís

Seguimos para Cochabamba y casualmente llegamos para el bicentenario de la ciudad. Eventos, desfiles y la presencia de “el Evo” fueron motivos suficientes para quedarnos unos días. Resulta que en los desfiles se presentan toda clase de instituciones, desde los militares, cooperativas de mineros, escuelas y asociaciones varias como la de Jubilados Rentistas de Cochabamba (¿?). Esto hace que duren más de 6 horas como mínimo así que en el medio comimos, dormimos siesta y volvimos a comer pero el que no podía zafar era Evo que saludaba a todos sentadito en el palco. La verdad es que era muy fácil llegar hasta él. Creemos que fue él mismo quien despidió a los guardaespaldas para que con un tiro de gracia alguien terminara con su sufrimiento pero no tuvo suerte y se bancó todo el desfile con mucha diplomacia.

El Evo Morales

La cantidad de puestos callejeros que ofrecían todo tipo de comidas era enorme. Nos hubiera encantado probar todo pero la falta de higiene nos detuvo. Especialmente después que vimos como batían a mano crema para unos postres con un batidor gigante y dentro de un tacho de pintura de 20 litros.

Cuando la ciudad volvió a su ritmo normal nos fuimos a Tarata, típico pueblo histórico: callecitas empedradas, casas antiguas y sobre todo la gente súper amable. Al segundo día ya todos nos conocían y nos saludaban como un vecino más.

Calle de Tarata

A unos kilómetros de ahí hay una cantera abandonada con unas vías para escalar que no podíamos desaprovechar y el a última hora cuando ya nos estábamos yendo conocíamos a Nuncio Rojas en una situación muy particular. Atardeciendo vemos un motociclista que pierde el control y sale volando, literalmente da dos vueltas en el aire y se estrella en la banquina (o lo que intenta ser una banquina). Vamos corriendo y lo encontramos tirado inconsciente con la moto sobre las piernas y el casco partido en tres pedazos y la cabeza sobre una piedra.

Cabeceando piedras

Ya ni me animaba a verle la cara pero como luego de unos 10-15 segundos empezó a respirar nos quedamos más tranquilos. Paré a un auto, le explique la situación y me dijeron que iban al pueblo a llamar a una ambulancia. Le sacamos la moto de encima pero no lo queríamos mover por las dudas que tuviera una lesión vertebral. Después de unos minutos se empezó a mover solo y se quiso levantar. A todo esto la moto perdía combustible así que la tiramos más lejos por miedo a que explotara. Se incorporó y vimos que tenía un corte en la cabeza y en la cara pero nada muy grave. Luego de recuperar su zapato que había salido volando con el accidente Nuncio todavía en estado de shock, se quería ir a su casa en la moto, no lo podíamos sujetar y fue a buscarla, con la pérdida de nafta y las luces prendidas era un peligro.

Moto explosiva. Vean el charquito de nafta abajo.

En ese punto tomamos una distancia prudencial y tratábamos de convencerlo que dejara la moto ahí, que lo importante era él. Pero no hacía caso. Nuncio no entendía lo que le había pasado pero nosotros sí, tenía un olor a alcohol que nos volteaba. Por suerte dentro de su borrachera tuvo un momento de lucidez para ponerse el casco sino la que se partía en tres era su cabeza. Obviamente la ambulancia nunca iba a venir y él no quería ir a un hospital porque tenía miedo que le hicieran una multa por conducir ebrio. Al final accedió que lo lleváramos a Cochabamba pero no a un hospital sino a su casa, en el camino se sinceró diciendo: -¡la pucha! pero venía bien. Estaba machadito pero al rompe muelles (lomo de burro) lo pasé bárbaro. Después me pasó esto-. Creemos que nunca se dio cuenta que ese día volvió a nacer.

En los pueblos chicos con la gente mayor a veces no nos entendíamos bien. Si bien el idioma oficial de Bolivia es el español entre ellos hablan quechua, aymará o guaraní según la zona y en las áreas rurales debido a la escaza o nula escolaridad que tuvo la gente mayor es lo único que hablan. Según el Ministerio de Educación en el 2004 la escolaridad de la población mayor de 19 años era de 7 años en áreas urbanas y 4 en áreas rurales lo que conlleva problemas mucho más graves que no poder entender el español.

Como al escuchar las radios no podíamos entender porque no hablaban en español a veces nos comprábamos el diario y nos llamaba la atención las noticias de linchamiento de personas como algo común. De ahí las advertencias escritas en paredes o los muñecos colgados de los postes de luz. Durante el 2009 ocurrieron 71 linchamientos con un saldo de por lo menos 15 muertos y en los primeros 5 meses del 2010 se registraron 36 casos en los que otras 15 personas fueron asesinadas. En general en estos casos como fueron todos no fue nadie, el asesinato queda impune y todo sigue como si nada hubiera pasado.

Ratero será quemado vivo


Rateros serán colgados

De Cochabamba nos fuimos para la Cordillera Real que queda a dos horas de La Paz, por un error de cálculo pasamos por El Alto (conurbano) a la hora pico, tipo 6 de la tarde, lo que reforzó nuestra idea de huir despavoridos hacia la montaña. Entrada la noche llegamos a Milluni un pueblo minero y la altura se empezó a sentir, teníamos que hacer todo leeento.

Cementerio de Milluni

Al otro día llegamos al refugio del Huayna Potosí a casi 4800 metros sobre el nivel del mar. Visitamos el Glaciar Viejo. Otra vez hielo, frío y viento helado. En contraste con los refugios de montaña que conocíamos de Argentina y Chile éste se parecía más a un hotel lleno de gringos. Con la puerta cerrada solo te dejaban entrar si consumías algo, por más que sobren colchones o mantas solo era uno por persona sino te cobraban el doble. ¡Como extrañamos el Otto Meiling y el Frey! Igual dormimos en la camioneta. Al otro día nos levantamos para escalar en roca pero mi cabeza sonaba como un bombo legüero. El segundo día a 4800m no me salía gratis y para colmo habíamos dormido inclinados con la cabeza para abajo. Conclusión tuvimos que bajar a Milluni (4550 m.s.n.m) y al otro día a la La Paz (3700 m.s.n.m).

Futbol a 4550m, para que la chupen los de la FIFA

La etapa Bolivia estaba llegando a su fin y la despedida no sería muy distinta de la bienvenida. Nos fuimos para la frontera con Chile y en el camino está el Parque Nacional Sajama. Los paisajes son realmente hermosos, casi llegando a la frontera nos cuentan que hay unas termas y geisers lindos para ver y así nos desviamos hacia el pueblo de Sajama.

Nevado de Sajama

El camino es apenas un huella entre los pastos, después de vadear un arroyo llegamos al pueblo con aspecto de fantasma, buscando información damos con lo que era una oficina en la entrada principal del pueblo. Parece que el camino que habíamos tomado nosotros era el de la puerta de atrás. Ahí nomás la encargada nos dice que la entrada al pueblo eran 30 bolivianos por persona, los cuales nosotros no disponíamos, de verdad porque como nos estábamos yendo no habíamos cambiado más plata. Le explicamos la situación pero no hubo caso teníamos que irnos. No podíamos pasar la noche ahí. Ya estaba anocheciendo y no era buena la opción de desandar el camino en la oscuridad, así que técnicamente abandonamos el pueblo. ¿Cómo es eso? La cuestión es que acá también había una soguita que la bajaban una vez pagada la entrada por lo que nosotros nos pusimos del otro lado de la soga y santo remedio. Dormimos en Sajama pero no dormimos en Sajama.

Del otro lado de la soguita

Al otro día llegamos a la frontera, Tambo Quemado, literalmente quemado, se estaban quemando hectáreas de Parque nacional pero no parecía importarle a nadie algo que fue una constante en toda Bolivia, todavía no entendemos la fascinación que tienen con el fuego y quemar todo lo que tengan a mano.

Tambo literalmente quemado

Para ver todas las fotos de la entrada hace click aquí.


Comentario de Agustín

Si bien las dos veces anteriores que habíamos estado en Bolivia nunca habíamos tenido problemas con la gente siempre nos manejamos dentro de los circuitos turísticos. Esta vez transitamos la ruta por donde pasan muy pocos extranjeros. La verdad es que también conocimos mucha gente buena. Recuerdo a Marcelo de la agencia de turismo aventura Andes Xtremo (www.andesxtremo.com) que nos informó con mucho gusto sobre todas las zonas de escalada en roca sin querer vendernos nada, se ofreció a acompañarnos gratis e incluso dejó a nuestra disposición su local para que pasáramos la noche dentro. De Bolivia nos fuimos con sentimientos encontrados. Siempre tuve en cuenta que transitábamos por unos de los países más pobres de América y que el hecho de que mucha gente casi no hablara español dificultó las cosas. La falta de solidaridad y respeto que en ocasiones sufrimos no fueron con nosotros por ser extranjeros o blancos. También las veíamos entre connacionales. No pude evitar plantearme la pregunta si la actitud de mucha gente es por el estado de sub-desarrollo del país o es al revés. Especialmente al cruzar a Chile donde son hiper respetuosos y ver lo bien que se vive allí. Perú es un caso similar. Cada año que vamos lo vemos mejor. Seguramente la respuesta no es tan sencilla, pero creo que si los habitantes de un país no tienen el sentimiento de unidad es difícil que éste progrese.

A la Argentina, un país colmado de riquezas naturales y humanas, lo veo peor año tras año y conjuntamente una falta de conciencia de que, en definitiva, estamos todos en el mismo bote. En fin... para pensar un ratito.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Los peajes de Bolivia

De Cafayate a Salta fuimos por la ruta de la Quebrada de las Conchas. Lo hicimos al atardecer asi se podía apreciar mejor los colores del paisaje.

Los castillos

En Salta paramos en el camping municipal, muy lindo, barato y cerca del centro. Estaba lleno de motorhomes especialmente de Francia y Alemania. Un poco de companía de otros viajeros nos hizo bien dado que en general estamos casi solos en los campings. No por nada le dicen a Salta “la linda”. Al caer el sol la gente sale a pasear por la plaza. Los edificios están bellamente iluminados y se llenan las mesitas que los bares instalan en la vereda. La ciudad nos pareció similar a Buenos Aires. Hasta su peatonal se llama Florida. Su parque más grande tiene un laguito con una isla en el medio igual que Palermo. Incluso te alquilan los biciscafos.

El tránsito también es complicado, igual que en Buenos Aires, incluso un escaloncito más arriba, diría yo. En la zona de los bares fashion (parecido a Las Cañitas) hay un mega-supermercado solo de bebidas alcohólicas. La variedad es impresionante y los precios de vinos salteños inmejorables así que nos aprovisionamos para nuestra estadía fuera del país. Este lugar viernes y sábados abre hasta las 24hs. de manera que todos van a comprar las bebidas ahí para la previa.

Abasteciéndonos

De tanto comer empanadas nos hicimos catadores profesionales y nos fuimos al Patio de la Empanada. Como su nombre lo indica alrededor de un patio lleno de mesas hay locales que venden comidas típicas. Probamos una empanada de cada local para poder volver otro día y avocarnos solamente al mejor. ¡Esto es profesionalismo!

En Salta nos quedamos una semana dejando todo en orden antes de salir del país ya que el plan es no volver por un tiempo. Camino a la frontera con Bolivia pasamos por Libertador General San Martin. El pueblo vive del empleo que proporciona el ingenio Ledesma que también produce papel y alcohol. Las pintadas de “Ledesma mata” y “cárcel a los Blaquier” están por todos lados. Los desechos de la caña de azúcar forman una montaña llamada bagazo que debe tener una hectárea de base por treinta metros de alto. El olor que despide esta masa en putrefacción es impresionante. Cuando estuvimos a barlovento de la misma Pao se empezó a sentir mal y nos tuvimos que ir de ahí. La montaña está dentro del pueblo de manera que la gente de los alrededores vive con ese olor y con la enfermedad que causa llamada bagazosis de la que ya murieron varios pobladores.

Para darse idea del tamaño fíjense que los dos puntitos arriba de la montaña son personas
(click en la foto para agrandarla)

También las chimeneas despiden humo las 24hs. El Eco Loco se muere de envidia (los de mi generación seguramente recuerdan al villano de Burbujas que todo lo contaminaba sino búsquenlo en YouTube).

Chimeneas de Ledesma

También hay pintadas de “castigo a los responsables de la noche del apagón”. En la época de la dictadura los dueños de la empresa (Ledesma) y militares decidieron unir esfuerzos impulsados por un problema en común: los obreros y sindicalistas que luchaban para mejorar las condiciones de trabajo en la planta. En esa época la electricidad del pueblo era generada por Ledesma. Entre el 20 y el 27 de julio de 1976 el ingenio cortó la electricidad a la noche y a oscuras salieron a secuestrar a los que ya tenían marcados, unas 400 personas. Hasta usaron las camionetas y los galpones de la empresa. Luego los torturaron y a 30 de ellos los mataron.

En una placita hay una placa recordando a los desaparecidos. Los Blaquier, millonarios dueños de Ledesma, siguen libres para gastar las ganancias que le da la empresa. Lo que se dice “una familia bien” (bien garca).

De ahí nos fuimos para el Parque Nacional Calilegua que está a solo ocho kilómetros. La vegetación es selvática y el perfume que daban las flores parecía aún mayor por el contraste con Ledesma. Lamentablemente al día siguiente comenzó la tormenta de Santa Rosa y con pronóstico de lluvia para los próximos días seguimos viaje para Tartagal. Ahí paramos en el Complejo Deportivo Municipal, esta vez gratis y como ya es costumbre éramos los únicos. En la plaza del pueblo estacionamos frente a un bar que tenía wi-fi para ponernos al día con los mails y averiguar unos datos siempre dentro de la camioneta. Al rato escuchamos una música que venía de la calle. Salimos a ver qué era y veo a veinte sapos Pepe bailando alrededor mío y comprendí: los mensajes subliminales de los videos del Sapo Pepe que me había hecho ver Lucila en Bariloche finalmente había hecho efecto en mi cerebro (para ver la entrada de Bariloche: click aquí). Una generación entera iba a ser dominada con esta arma psicológica imperialista.

Alucinaciones

Comencé a llorar desconsolado cuando Pao vino en mi ayuda: -son las comparsas del colegio Zanga Honda, hoy se reúnen los maestros de la zona por ser la semana del docente y cada escuela hace un desfile de carrozas-. Respiré aliviado y de la alegría me saqué una foto con uno de los agentes imperialistas, digo… docentes.

Mi amigo el Sapo Pepe

Luego que pasaron todas las carrozas, las cuales vimos desde una ubicación preferencial, pudimos sacar la camioneta y partir al otro día para la frontera con Bolivia.

Nuestro plan original era salir del país por Chile pero si cruzás por esta frontera la aduana argentina te da un plazo de 180 días para retornar el auto al país. Si salís por el resto de los países limítrofes son 360 días. Si te excedés de este plazo el valor el valor de la multa es de un tercio del valor del auto. Si no pagás te lo secuestran.

Cruzamos por el paso de Yacuiba, después de hacer los papeles en el lado argentino (podríamos haber cruzado un mamut que ni se enteraban) nos levantaron la barrera y nos encontramos en suelo boliviano, pero faltaba cruzar la barrera boliviana. El policía encargado de controlar el paso nos pide los papeles y nos dice: -Son 10 bolivianos.

Yo: -En concepto de…

Nunca habíamos pagado nada en ninguna frontera hasta ese momento.

Policía: -Peaje.

Desde el mojón que divide los dos países hasta la barrera había unos escasos cien metros con lo que calculado por kilómetro hacía éste uno de los peajes más caros del mundo. Ya viendo en qué consistía este peaje Pao me mira con cara de “éste dejámelo a mí”.

Pao: -Bueno, no hay problema. ¿Usted me va a dar un comprobante de pago?

Policía: -Es que ahorita no tengo pero se los dejo a cinco bolivianos.

Estaba anocheciendo y este paso fronterizo no es de los mas bonitos, el poli que además era el jefe no tenia intenciones de aflojar y nosotros que queríamos estar a 100 km de ahí con bronca abonamos el peaje.

No es la primera vez que venimos a Bolivia, pero siempre lo habíamos hecho con mochila por eso esto de los “peajes” era nuevo para nosotros. Al costado de esta barrera que nos cobraban 5 bolivianos para levantar había una gran cantidad de puestos callejeros. La gente pasaba por los costados de esta barrera como si nada y como los negocios que se habían instalado dejaban poco lugar algunas personas pasaban por debajo.

A los cinco kilómetros nos para de nuevo la policía. Nos pide los papeles y exige otros diez bolivianos. Esta vez nos pusimos firmes y con el argumento que ya habíamos pagado, luego de un rato de discutir nos dejaron ir. El mismo ritual se repitió cada cincuenta kilómetros promedio: el policía sentado en su casilla al costado de la ruta sosteniendo una cuerdita de lado a lado de la ruta que luego de verificar los papeles exigía diez bolivianos. Con cada uno utilizamos una táctica diferente y no le pagamos ni a uno.

También estaban los peajes de vialidad. Ya con una construcción sobre la ruta nos parecieron legales y los pagamos sin discutir si bien no tenían ningún cartel con las tarifas y en el cupón que te daban sólo decía el valor de lo pagado. No sabíamos si nos estaban cobrando a la cara y le teníamos que pedir al empleado que nos anote con birome en el papel hasta donde servía para no tener que volver a pagar en cada peaje.

Otro peaje muy cómico fue el que nos quiso cobrar la municipalidad de uno de los pueblos que estaba sobre la ruta. Doscientos metros antes de uno de los peajes “legales” se había puesto un tipo con la famosa soguita.

Pao: -¿Este peaje de qué es?

Tipo con la soguita en la mano (TCLSELM): -De la municipalidad.

Pao: -¡Pero a 200m vialidad me va a cobrar peaje de nuevo!

TCLSELM: -Esto es para el mantenimiento de lo que está alrededor de la ruta.

Pao: -Yo ni siquiera voy a entrar en el pueblo, el mantenimiento del pueblo que lo paguen sus habitantes con sus impuestos.

TCLSELM: -Ya (significa Ok). Tiene que pagar 10 bolivianos.

Imagínense que no le pagamos a la policía, a este tipo menos. Y así siguió el viaje hasta Santa Cruz. Las diferencias culturales son tan grandes que a diario se nos dan situaciones cómicas. Si tuviéramos que contarles todas la entrada se haría interminable así que van a ir en la próxima.

sábado, 4 de septiembre de 2010

La ruta del vino y la empanada

El destino era muy claro: salir del país. El viaje atrasado en el itinerario y un frío constante que ya era más que molesto nos empujaba hacia el norte, hacia el calor. Pasábamos seguido de una provincia a otra y los carteles de bienvenida que hay en la ruta nos hacían sentir que avanzábamos e íbamos sumando kilómetros. Hasta que vimos un cartel que tuvo un efecto contrario. Decía: Villa Carlos Paz 400Km. A pocos kilómetros de allí está una de las mejores zonas de escalada de la Argentina: Los Gigantes. Habíamos estado transportando todo el equipo de escalada por 12.000 Km y debido al frío casi que no lo habíamos podido usar. Y eso que estuvimos en lugares como Bariloche y El Chaltén epicentros nacionales de escalada lo que acrecentaba aún más el síndrome de abstinencia. La proposición que le hice a Pao de ir para los Gigantes fue inmediata aunque tímida. Averigüé el pronóstico del clima para la zona y con el dato de que iba a ser bueno la terminé de convencer. Otro desvío más del plan de ruta.

En villa Carlos Paz nació Blanquita (la camioneta) y vivió ahí hasta que nosotros la compramos de manera que volvía como caballo a la querencia. Fue un poco raro pasar de nuevo por el lugar donde en parte se había iniciado el viaje: el día que compramos el vehículo, lo último que nos faltaba para dejar nuestra antigua vida y empezar esta nueva. Lo primero que hicimos fue irnos para el Club Andino Villa Carlos Paz para averiguar. Ahí hablamos con Juan a quien contratamos como guía. En el camino a Gigantes se murió el termómetro del agua del motor que ya venía dando problemas. Igual seguimos camino para arreglarlo luego.

Al llegar hicimos noche y el día siguiente amaneció despejado aunque muy frío y ventoso. Nos reunimos con Juan, el guía, quien trajo un amigo. Mejor para nosotros así podíamos escalar en dos cordadas de dos personas en vez de una de tres. Luego de una caminata de una hora y media llegamos al Cerro la Cruz. Juan fue el primero en subir, luego iría Pao. Si bien la vía era fácil para él, la ascensión se hizo muy lenta por el frío. Todavía era temprano y el sol no le pegaba a la roca. Constantemente tenía que parar para calentarse un poco las manos con el aliento. Luego fue el turno de Pao quien antes de comenzar ya estaba muerta de frío por haber estado dándole seguro desde el suelo a Juan. Trepó cuatro metros y pidió que la bajaran porque no daba más del frío. Con esa temperatura no tenía sentido seguir intentando. Juan bajó en rappel y esperamos un rato que nos diera el sol. El resto del día estuvo templado y pudimos escalar con un paisaje hermoso rodeándonos. Estas paredes se llenan de gente los fines de semana. Como era miércoles no había nadie, solo nosotros, lo que acrecentaba la sensación de quietud propia de esos cerros.


Pao y Juan en el Cerro la Cruz

El jueves llovió todo el día así que fue meta pochoclo, ajedrez y pelis dentro de la camioneta.



El viernes amaneció completamente despejado. Bien temprano partimos hacia otras paredes, esta vez solo Pao y yo. Hicimos la vía “Cristales Voladores” de 50m. En la cima hay una vista hermosa de todo Gigantes y Villa Carlos Paz. Como no podemos con nuestro genio nos colgamos sacando fotos y se fue haciendo tarde.


En el relevo de la vía "Cristales Voladores"



Al caer la tarde nos mandamos a hacer la última vía (60m) y a la mitad se nos fue el sol. La temperatura bajó bruscamente y tuvimos que descender muertos de frío con las manos y los pies insensibles (¡otra vez!).

De ahí salimos para Cafayate con escala en Tafí del Valle y Amaicha, pueblo que se jacta de tener el mejor clima del mundo: 360 días de sol al año en contraposición con El Chaltén quien dice tener el peor clima del mundo. Y bueno, hay que conocer de todo, dicen…

El paisaje junto con el clima y la gente fueron cambiando de una provincia otra. El norte argentino tiene una energía diferente, muy propia. No sé bien que será pero ya lo había notado cuando estuve por allí hace unos años. Atahualpa Yupanqui, quien vivió veinte años en Tucumán lo supo describir así: “Todo lo que tiene de seca la tierra, en compensación lo tiene de jugoso el espíritu del hombre, eso pasa en los Valles Calchaquíes.”

En el instante que entramos a Tucumán empezamos con La Dieta de la Empanada que consiste en poner las empanadas en la base de nuestra pirámide nutricional. El vino también está por ahí cerquita pero el tener que manejar no me permitió darle la importancia que se merece (¡hiq!).


Amor a primera vista

Y ya que estamos hablando de vino, en Cafayate nos fuimos derecho a visitar las bodegas y luego, como era de esperarse, a La Casa de la Empanada. Les recomendamos la cafayateña ( de carne, choclo y vino torrontés) pero también la calchaquí, la don coro, la griega, en fin una de cada gusto.


Pao cumpliendo con La Dieta de la Empanada

En Cafayate todos cantan folclore y saben tocar la guitarra, todos. Esta gente nace con una tonada en la boca. Ya de noche camino al lugar donde íbamos a estacionar la camioneta para dormir escuchamos música que salía de un bar. Paramos para ver y nos invitaron a pasar. Un muchacho con una voz increíble cantaba una chacarera. Daba perfectamente la talla para cantar en un escenario pero lo hacía gratis en un bar. Al final una chica del público agarró una panera y pasó por las mesas a recoger lo que quisieran dar al músico.

Muchos de estos pueblos en el norte argentino crecieron económicamente gracias al turismo. Lo malo es que perdieron el encanto de antaño. Los restaurantes, hoteles y variedad de negocios dan la sensación de que todo se compra y se vende. Lo bueno es que se generaron muchos empleos para los habitantes del lugar. La gente de Cafayate, por ejemplo, se empleaba principalmente en las bodegas. Con la llegada de la tecnología y la automatización de los procesos de producción toda esta gente quedó sin empleo. Más tarde se volcó al sector del turismo y pudo permanecer en su pueblo.

De Cafayate partimos para Salta capital, una ciudad moderna que nos hizo recordar a Buenos Aires.